Cada dos por tres se repite en las redes que las casas de semillas venden variedades estériles para que los agricultores no puedan reproducirlas. Esto es un bulo con cierta base de realidad y, como estoy un poco cansado de repetir las explicaciones, voy a dejar aquí una explicación que pueda enlazar cada vez que resurja el tema.
La tecnología para crear semillas estériles existe y está patentada, pero no se ha comercializado nunca. Los motivos son dos, el primero es legal, modificar una semilla para que su descendencia sea estéril podría llegar a causar daños a otras explotaciones que no la usaran por polinización cruzada. Esto podría llegar a motivar demandas o llevar a que una determinada variedad no fuera aprobada en algunos países. Además, podría llevar a campañas de desprestigio que afectaran a las ventas. En realidad no creo que este motivo sea muy disuasorio para multinacionales con suficientes abogados... pero es un coste a considerar.
El segundo es mas poderoso, las empresas de semillas no usan esta tecnología por que no les hace falta. No lo necesitan, tienen medios mejores para controlar sus variedades.
La primera es la propia naturaleza, Una variedad es un conjunto de plantas seleccionadas para que todas tengan unas mismas características que se consideran deseables, para que esto ocurra todas deben tener el mismo código genético (en aquellas características que nos interesen, en las que no no hace falta). La propia dinámica de la reproducción sexual convierte este objetivo en algo difícil de aplicar en el campo... nadie sabe de donde viene el polen que llega a tu planta. Por eso es mas fiable comprar semillas a una casa comercial que si tiene medios para garantizar la homogeneidad de las plantas. Simplemente, si compras la semilla te garantizas resultados y en el campo las garantías nunca están de mas.
Además puedes cruzar dos variedades conocidas creando lo que se conoce como un híbrido F1. Como imagino que la mayoría habrá olvidado a Mendel (el cura aquel de los guisantes que os amargó en biología), os recuerdo que cuando cruzas dos variedades (que son homocigóticas, lo digo para que vayáis recordando) toda la primera generación muestra las mismas características, que son las de sus genes dominantes. Si determinada mezcla muestra las características deseadas, puedes comercializarla sabiendo que la siguiente generación no lo hará. A esto se le llama un híbrido F1 y podéis ver ejemplos claros en la Wikipedia. Esto haría técnicamente complejo fijar la variedad deseada en el campo, reduciendo mucho la rentabilidad y haciendo que los agricultores se decidan a seguir comprando las semillas en lugar de reproducirlas ellos.
Por ultimo estarían todas las medidas legales, patentes o registros de variedades (dependiendo de las legislaciones, en Europa las variedades no se patentan), contratos de suministro y demás panoplia del arsenal legal de una empresa... que, en realidad, afectan muy poco a los agricultores ya que solo con las dos primeras tienen motivos sobrados para seguir comprando. Este tipo de medidas están pensadas para acabar con la competencia y seguir repartiéndose el mercado de semillas entre cuatro,
La tecnología Terminator no se aplica en las semillas comerciales por que es cara, da problemas y no tiene ningún beneficio para las empresas de semillas. Lo de su preocupación por los pequeños agricultores no llega ni a chiste.
jueves, 22 de octubre de 2015
sábado, 10 de octubre de 2015
El Área de Ciencia te necesita.
Ya está montada el Área de Ciencia de IU Andalucía, ¿y ahora que? Vale, es un éxito que ha costado mucho trabajo, pero ¿Que se va a hacer con ella?. La respuesta fácil es "lo que queramos", queda bonito y resultón pero no es real. La realidad es "lo que podamos". Y no podemos mucho... no los que hemos llegado hasta aquí, no solos. Necesitamos ayuda. Permitidme que me repita: Necesitamos ayuda. Una vez mas y en mayúsculas: NECESITAMOS AYUDA. Supondré que habéis pillado el concepto...¿Y que necesitamos? Bueno, dado que este es mi blog, haré la chorrada de ponerlo como si fuera una oferta de trabajo.
SE PRECISA:
- Personas con conocimiento de variadas áreas capaces de explicarlas sin palabras técnicas a personas que hacen un esfuerzo enorme por asistir a asambleas de izquierdas fuera de su horario de trabajo.
- Personas capaces de redactar informes basados en todos los estudios publicados, de forma que pueden ser debatidos en un pleno de ayuntamiento de un municipio perdido en Sevilla o Almería.
- Personas capaces de bajar al barro del mundo real y salir de los círculos técnicos y científicos para dar soluciones reales a políticos en minoría, sin tiempo y mucho trabajo.
SE OFRECE:
- Mucho trabajo, ni un euro y pocas posibilidades de que salga tu nombre en ningún lado (mira, al menos no te tomo el pelo con la idea de la visibilidad).
- Una trinchera en la que pelear contra todos o casi todos.
- Mas trabajo
Además podemos darnos el lujo de decir con la voz firme y sin titubear que esta vez estamos defendiendo un proyecto para una izquierda científica y racional... Oye, yo no me lo pensaría, de hecho ya he firmado.
Si te interesa, puedes contactar con nosotros en el correo areadecienciaiuandalucia@gmail.com http:/// Nos haces falta.
jueves, 17 de septiembre de 2015
Hacia el estado 244
En la religión hay palabras a las que no soy capaz de entender plenamente y no es falta de raciocinio, es falta de fe. Por ejemplo esta la de la transubstanciación, me lo pueden explicar mil veces... para mi la hostia sigue siendo hostia y el vino, vino. Pero para un creyente esa palabra explica algo real.
Con el nacionalismo me pasa lo mismo, no creo en el y palabras como nación no me dicen nada. Cuando me hablan del "derecho a la autodeterminación de los pueblos" para empezar no se que significa pueblo en el sentido que lo usan... tal y como lo describen parece algo etéreo a lo que inconscientemente perteneces por motivos poco claros. El como ese conjunto de seres humanos puedan llegar a "autodeterminarse" me pilla ya en otra galaxia.
Lo que si entiendo es que es un estado, por que eso no es etéreo, es una organización humana asentada en un territorio y con los medios suficientes como para mantener el control sobre el. Y también entiendo que si, en una sociedad de cualquier tipo, una parte quiere abandonarla es mejor que lo hagan. En un mundo con 243 países, que haya 244 tampoco se va a notar mucho...
Pero, y aquí empieza el lío, resulta que no solo existe un nacionalismo catalán, también existe un nacionalismo español y sus creyentes incluyen a Cataluña dentro de su concepto de nación. Esto igual no tendría importancia si fueran pocos, no fueran algunos catalanes y, sobre todo, no estuvieran gobernando el estado español.
Por que, de forma hipotética, supongamos que el resultado diera una amplia mayoría a los independentistas y estos votaran hacer de Cataluña el estado 244. ¿Que posibilidad tiene ese supuesto nuevo estado de mantener el control sobre su territorio? No es ninguna broma, el estado español tiene un motón de alegres tipos de verde armaditos hasta los dientes y, aunque algunos son catalanes, me da que el nacionalismo catalán no es muy popular entre sus filas. Ahora alguien me dirá que no es probable que la ameba que tenemos por presidente se atreva a usarlo contra la población... y tendréis razón, ademas de idiota es cobarde y eso es un marrón de cara a la comunidad internacional... pero es que no le hace ni puñetera falta. Cataluña no tiene ejercito, la única fuerza armada en su territorio solo vale para matar a golpes a un tipo atado en un calabozo. Con suspender el Parlament y mandar a los picoletos a detener a los revoltosos le sobra. Y eso si puede hacerlo y lo hará. Lo que pasaría después sería un desastre para todas las partes implicadas pero no se le pueden pedir peras al olmo.
Claro que en España también hay elecciones y podría llegar a pasar que dentro de poco tuviéramos un presidente con un cerebro funcional y algo de vista política y capacidad de negociación. Supongo que en ese caso tampoco valdría con una declaración unilateral pero también supongo que se podrían pactar los cauces y las maneras para conseguir la independencia. Puestos a suponer, también puedo llegar a ver factible que se ganara en referendum o como sea la votación. Y volvería a empezar el lió.
Por que al separarse llegan los repartos y estos son complicados cuando la despensa está llena, pero está vacía y Cataluña va a negociar desde muy mala posición. Acordaos de los alegres tipos de verde, sumadle una comunidad internacional en contra y unos deudores muy picajosos. Vamos a salir muy escaldados todos...
Que si que con voluntad y dialogo se puede conseguir... pero dudo que nadie la tenga o que los implicados se hayan parado a pensar en las hondonadas de hostias que nos vamos a comer por un concepto que ni entiendo ni me preocupa. Pero, oye, a vuestra bola, sois muy libres...
Con el nacionalismo me pasa lo mismo, no creo en el y palabras como nación no me dicen nada. Cuando me hablan del "derecho a la autodeterminación de los pueblos" para empezar no se que significa pueblo en el sentido que lo usan... tal y como lo describen parece algo etéreo a lo que inconscientemente perteneces por motivos poco claros. El como ese conjunto de seres humanos puedan llegar a "autodeterminarse" me pilla ya en otra galaxia.
Lo que si entiendo es que es un estado, por que eso no es etéreo, es una organización humana asentada en un territorio y con los medios suficientes como para mantener el control sobre el. Y también entiendo que si, en una sociedad de cualquier tipo, una parte quiere abandonarla es mejor que lo hagan. En un mundo con 243 países, que haya 244 tampoco se va a notar mucho...
Pero, y aquí empieza el lío, resulta que no solo existe un nacionalismo catalán, también existe un nacionalismo español y sus creyentes incluyen a Cataluña dentro de su concepto de nación. Esto igual no tendría importancia si fueran pocos, no fueran algunos catalanes y, sobre todo, no estuvieran gobernando el estado español.
Por que, de forma hipotética, supongamos que el resultado diera una amplia mayoría a los independentistas y estos votaran hacer de Cataluña el estado 244. ¿Que posibilidad tiene ese supuesto nuevo estado de mantener el control sobre su territorio? No es ninguna broma, el estado español tiene un motón de alegres tipos de verde armaditos hasta los dientes y, aunque algunos son catalanes, me da que el nacionalismo catalán no es muy popular entre sus filas. Ahora alguien me dirá que no es probable que la ameba que tenemos por presidente se atreva a usarlo contra la población... y tendréis razón, ademas de idiota es cobarde y eso es un marrón de cara a la comunidad internacional... pero es que no le hace ni puñetera falta. Cataluña no tiene ejercito, la única fuerza armada en su territorio solo vale para matar a golpes a un tipo atado en un calabozo. Con suspender el Parlament y mandar a los picoletos a detener a los revoltosos le sobra. Y eso si puede hacerlo y lo hará. Lo que pasaría después sería un desastre para todas las partes implicadas pero no se le pueden pedir peras al olmo.
Claro que en España también hay elecciones y podría llegar a pasar que dentro de poco tuviéramos un presidente con un cerebro funcional y algo de vista política y capacidad de negociación. Supongo que en ese caso tampoco valdría con una declaración unilateral pero también supongo que se podrían pactar los cauces y las maneras para conseguir la independencia. Puestos a suponer, también puedo llegar a ver factible que se ganara en referendum o como sea la votación. Y volvería a empezar el lió.
Por que al separarse llegan los repartos y estos son complicados cuando la despensa está llena, pero está vacía y Cataluña va a negociar desde muy mala posición. Acordaos de los alegres tipos de verde, sumadle una comunidad internacional en contra y unos deudores muy picajosos. Vamos a salir muy escaldados todos...
Que si que con voluntad y dialogo se puede conseguir... pero dudo que nadie la tenga o que los implicados se hayan parado a pensar en las hondonadas de hostias que nos vamos a comer por un concepto que ni entiendo ni me preocupa. Pero, oye, a vuestra bola, sois muy libres...
viernes, 30 de mayo de 2014
Ochos cortados (Tiempo de Perros VI)
Voy derecho a una trampa, no hace falta ser muy listo para darse cuenta. El Maestro nos convoco a todos y nosotros hemos seguido el camino como ratones bien entrenados. Si fuera un chico listo daría un volantazo y dejaría que la chica esa, si es que eso era una chica, se las arreglase sola. Pero no soy un chico listo y Rata esta dentro. La única posibilidad es que el Maestro se haya equivocado en algo, que algún incontrolado se haya colado en la fiesta. Cuando tu única oportunidad es que el adversario la pifie, estas bien jodido.
La nave es antigua, de ladrillo y no de placas de hormigón como el resto del polígono. Debía ser algún tipo de pequeña fábrica. Una gran estructura, con tejado a dos aguas, albergaba la superficie principal de trabajo. Detrás, otro edificio adosado, mas largo, como si fuera un crucero, da al lugar apariencia de iglesia. En la fachada destacan unos carteles en los que pone “Dios te ama” y “Solo Él puede sanarte” en vivos colores. No veo gente fuera, pero si coches. Unos cincuenta, como los dueños estén todos dentro esto va a ser una carnicería. En fin, doy la vuelta a la manzana y me situó por la parte por donde debieran estar las oficinas.
En la parte trasera del coche, el policía y Liuba, así se llama la rusa, discuten en ruso. Ella quiere entrar y el policía intenta convencerla de que es demasiado peligroso. Como si quedarse fuera fuese seguro, si queríamos salvarla, deberíamos haberla dejado antes de entrar en el polígono. A estas alturas la policía de jazz habrá cerrado todas las salidas. Me vuelvo y les digo “Cada cual debe tener la oportunidad de elegir su muerte”.
El policía me dice que es la vida lo que se elige. Si, claro y que más. “No, la vida es la que te toca”, le respondo.
Salgo del coche, dejándolo con la palabra en la boca, no tengo ganas de seguir discutiendo. Me dirijo a una ventana que está entreabierta, vislumbro las siluetas de dos cabezas. Creen que por que no me ven yo tampoco puedo verles a ellos. Pobres niños jugando al escondite. Salto dentro sin tocar la ventana, uno intenta pincharme con una lanza improvisada, se la arranco de las manos y la uso para clavar al otro a la pared. Luego con el cuchillo le rebano el cuello. No han tenido tiempo de gritar. Por ahora vamos bien.
El policía y la rusa están al pie de la ventana. Les hago señas para que pasen. Resulta un poco patético ver a Luiba intentar subir, ayudada por el otro desde abajo, mientras se esfuerza por que su falda no se abra. Cuando por fin logra entrar en la habitación, se pone blanca. No esta acostumbrada a la sangre y aquí hay mucha. Al de la cuchillada casi le arranqué la cabeza y ahora cuelga de su tronco sujeta por un hilo de carne. Ese tipo de herida sangra mucho y este casi ha vaciado toda su sangre en el suelo. Por no hablar de las salpicaduras en el techo. Y la verdad es que el otro, clavado en la pared como un insecto, tampoco es muy decorativo. Aun así aguanta bien el trago y se limita a ponerse la mano en la nariz como para protegerse del olor. Tipos duros los rusos, debe ser por el clima.
El policía sube sin ruido y como un profesional, trepa ofreciendo el mínimo perfil posible y en cuanto entra ya tiene el arma preparada. Ex-militar supongo. Sus ojos cambian de color y dice “hay uno en el pasillo y otro en la oficina de al lado”; y añade “viene alguien, viene a ayudarnos”.Miro por la ventana y veo acercarse a la chica que antes nos disparó. Lleva un fusil en las manos. ¿Viene a ayudarnos? Joder, pues vaya cambio de opinión. Por si acaso me sitúo en el lateral de la ventana. El policía en cambio, le da la espalda y se va hacia la puerta. Luiba permanece en medio de la habitación intentando no tocar nada. La chica salta dentro sin ruido, y antes de que me de tiempo a moverme tengo la culata de su fusil entre ella y yo. Debe tener sensores térmicos.
La situación es, como mínimo, extraña. Una unidad de combate y yo midiéndonos en silencio. El policía acechando en la puerta sin hacernos caso y la rusa mirando espantada a su alrededor. Si esto sale en una peli no se lo cree nadie. La unidad de combate me sonríe y baja la culata del arma. Esto me supera. Bajo el cuchillo lentamente. “Necesito que alguien elimine al del pasillo en silencio” dice el policía. La unidad de combate me da la espalda y se dirige a la puerta. Se cuelga el fusil a la espalda y espera un momento. Luego abre la puerta de golpe, fuera hay un hombre con cara de susto. Antes de que el tipo reaccione agarra su cabeza y la gira. “Creec” suena. El tipo esta muerto.
No tengo ningún control sobre la situación. Y empiezo a sentir vértigo. El policía y la rusa son devotamente fanáticos de la cosa esa que secuestraron, y no van a aceptar ningún resultado que no incluya su rescate. No se que puñeta esta haciendo Rata, de hecho ni siquiera puedo oírle. La unidad de combate parece que esta de nuestro lado, pero no se hasta cuando. Y, a estas alturas de la fiesta, se que el Maestro no está aquí. Voy a morir por nada. “Eliminemos al que queda” digo.
Salgo al pasillo y abro la puerta que me señala el policía con la cabeza. Un pobre desgraciado me mira desde detrás de una mesa y hace un gesto para intentar coger un cuchillo que tiene en ella. No llega a completarlo. Mi daga le atraviesa el cuello. Lo veo morir atragantándose con su sangre. Dioses, estoy tan cansado. Recupero la daga y salgo al pasillo. “No hay nadie mas aquí” dice el policía. Me sorprende, el complejo de oficinas es muy grande, seguro que hay más de veinte oficinas dando a este mismo pasillo, sin contar las de los pisos superiores. “¿Seguro?” pregunto. “Nadie” responde, “están todos en el ritual”. Vuelve a tener los ojos raros, como opacos y de un color violáceo. Entonces empiezan los cánticos.
Un coro enorme declama con fuerza los versos de un canto en una lengua extraña. Noto el poder según empieza. Una marea de asco me invade, no se que es lo que pretenden, pero, sea lo que sea, es total y absolutamente falso. Nos dirigimos a la puerta que comunica con la nave principal. Esta abierta. Puedo ver un escenario situado en medio de la nave y otro cerca del portalón de entrada. En el del centro hay un altar de piedra. Y la chica esta allí, entre dos tipos que parecen sujetarla para que no escape. Otro tipo dirige a la gente que abarrota el espacio entre los dos escenarios, desde delante del altar mueve los brazos marcado el ritmo del canto. El otro escenario esta totalmente vacío, aunque creo que no por mucho tiempo.
Los tipos del escenario miran hacia la puerta y la gente que canta parece concentrada en el director del espectáculo. No parece que nadie tenga armas de fuego. Hay una pasarela, como a un piso de altura que recorre todo el perímetro de la nave. Creo que tengo un plan, o por lo menos el esbozo de uno. “Subid por la pasarela y colocaos encima del portalón” les digo “Yo intentare atacar desde atrás y traerme hasta aquí a la chica. Disparad a cualquiera que intente impedírmelo.” El policía asiente y la unidad de combate se dirige a la escalera que da acceso a la pasarela sin ningún comentario. Liuba me mira “No tengo armas”. Le doy mi pistola, un revolver del treinta y ocho que, de todas formas, jamás uso. Los veo subir por la escalera y me preparo. Busco todo el dolor que pueda sentir y lo encuentro. Noto como me hincho poco a poco. Atacar y huir, ese es el plan. No creo que salga.
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La nave es antigua, de ladrillo y no de placas de hormigón como el resto del polígono. Debía ser algún tipo de pequeña fábrica. Una gran estructura, con tejado a dos aguas, albergaba la superficie principal de trabajo. Detrás, otro edificio adosado, mas largo, como si fuera un crucero, da al lugar apariencia de iglesia. En la fachada destacan unos carteles en los que pone “Dios te ama” y “Solo Él puede sanarte” en vivos colores. No veo gente fuera, pero si coches. Unos cincuenta, como los dueños estén todos dentro esto va a ser una carnicería. En fin, doy la vuelta a la manzana y me situó por la parte por donde debieran estar las oficinas.
En la parte trasera del coche, el policía y Liuba, así se llama la rusa, discuten en ruso. Ella quiere entrar y el policía intenta convencerla de que es demasiado peligroso. Como si quedarse fuera fuese seguro, si queríamos salvarla, deberíamos haberla dejado antes de entrar en el polígono. A estas alturas la policía de jazz habrá cerrado todas las salidas. Me vuelvo y les digo “Cada cual debe tener la oportunidad de elegir su muerte”.
El policía me dice que es la vida lo que se elige. Si, claro y que más. “No, la vida es la que te toca”, le respondo.
Salgo del coche, dejándolo con la palabra en la boca, no tengo ganas de seguir discutiendo. Me dirijo a una ventana que está entreabierta, vislumbro las siluetas de dos cabezas. Creen que por que no me ven yo tampoco puedo verles a ellos. Pobres niños jugando al escondite. Salto dentro sin tocar la ventana, uno intenta pincharme con una lanza improvisada, se la arranco de las manos y la uso para clavar al otro a la pared. Luego con el cuchillo le rebano el cuello. No han tenido tiempo de gritar. Por ahora vamos bien.
El policía y la rusa están al pie de la ventana. Les hago señas para que pasen. Resulta un poco patético ver a Luiba intentar subir, ayudada por el otro desde abajo, mientras se esfuerza por que su falda no se abra. Cuando por fin logra entrar en la habitación, se pone blanca. No esta acostumbrada a la sangre y aquí hay mucha. Al de la cuchillada casi le arranqué la cabeza y ahora cuelga de su tronco sujeta por un hilo de carne. Ese tipo de herida sangra mucho y este casi ha vaciado toda su sangre en el suelo. Por no hablar de las salpicaduras en el techo. Y la verdad es que el otro, clavado en la pared como un insecto, tampoco es muy decorativo. Aun así aguanta bien el trago y se limita a ponerse la mano en la nariz como para protegerse del olor. Tipos duros los rusos, debe ser por el clima.
El policía sube sin ruido y como un profesional, trepa ofreciendo el mínimo perfil posible y en cuanto entra ya tiene el arma preparada. Ex-militar supongo. Sus ojos cambian de color y dice “hay uno en el pasillo y otro en la oficina de al lado”; y añade “viene alguien, viene a ayudarnos”.Miro por la ventana y veo acercarse a la chica que antes nos disparó. Lleva un fusil en las manos. ¿Viene a ayudarnos? Joder, pues vaya cambio de opinión. Por si acaso me sitúo en el lateral de la ventana. El policía en cambio, le da la espalda y se va hacia la puerta. Luiba permanece en medio de la habitación intentando no tocar nada. La chica salta dentro sin ruido, y antes de que me de tiempo a moverme tengo la culata de su fusil entre ella y yo. Debe tener sensores térmicos.
La situación es, como mínimo, extraña. Una unidad de combate y yo midiéndonos en silencio. El policía acechando en la puerta sin hacernos caso y la rusa mirando espantada a su alrededor. Si esto sale en una peli no se lo cree nadie. La unidad de combate me sonríe y baja la culata del arma. Esto me supera. Bajo el cuchillo lentamente. “Necesito que alguien elimine al del pasillo en silencio” dice el policía. La unidad de combate me da la espalda y se dirige a la puerta. Se cuelga el fusil a la espalda y espera un momento. Luego abre la puerta de golpe, fuera hay un hombre con cara de susto. Antes de que el tipo reaccione agarra su cabeza y la gira. “Creec” suena. El tipo esta muerto.
No tengo ningún control sobre la situación. Y empiezo a sentir vértigo. El policía y la rusa son devotamente fanáticos de la cosa esa que secuestraron, y no van a aceptar ningún resultado que no incluya su rescate. No se que puñeta esta haciendo Rata, de hecho ni siquiera puedo oírle. La unidad de combate parece que esta de nuestro lado, pero no se hasta cuando. Y, a estas alturas de la fiesta, se que el Maestro no está aquí. Voy a morir por nada. “Eliminemos al que queda” digo.
Salgo al pasillo y abro la puerta que me señala el policía con la cabeza. Un pobre desgraciado me mira desde detrás de una mesa y hace un gesto para intentar coger un cuchillo que tiene en ella. No llega a completarlo. Mi daga le atraviesa el cuello. Lo veo morir atragantándose con su sangre. Dioses, estoy tan cansado. Recupero la daga y salgo al pasillo. “No hay nadie mas aquí” dice el policía. Me sorprende, el complejo de oficinas es muy grande, seguro que hay más de veinte oficinas dando a este mismo pasillo, sin contar las de los pisos superiores. “¿Seguro?” pregunto. “Nadie” responde, “están todos en el ritual”. Vuelve a tener los ojos raros, como opacos y de un color violáceo. Entonces empiezan los cánticos.
Un coro enorme declama con fuerza los versos de un canto en una lengua extraña. Noto el poder según empieza. Una marea de asco me invade, no se que es lo que pretenden, pero, sea lo que sea, es total y absolutamente falso. Nos dirigimos a la puerta que comunica con la nave principal. Esta abierta. Puedo ver un escenario situado en medio de la nave y otro cerca del portalón de entrada. En el del centro hay un altar de piedra. Y la chica esta allí, entre dos tipos que parecen sujetarla para que no escape. Otro tipo dirige a la gente que abarrota el espacio entre los dos escenarios, desde delante del altar mueve los brazos marcado el ritmo del canto. El otro escenario esta totalmente vacío, aunque creo que no por mucho tiempo.
Los tipos del escenario miran hacia la puerta y la gente que canta parece concentrada en el director del espectáculo. No parece que nadie tenga armas de fuego. Hay una pasarela, como a un piso de altura que recorre todo el perímetro de la nave. Creo que tengo un plan, o por lo menos el esbozo de uno. “Subid por la pasarela y colocaos encima del portalón” les digo “Yo intentare atacar desde atrás y traerme hasta aquí a la chica. Disparad a cualquiera que intente impedírmelo.” El policía asiente y la unidad de combate se dirige a la escalera que da acceso a la pasarela sin ningún comentario. Liuba me mira “No tengo armas”. Le doy mi pistola, un revolver del treinta y ocho que, de todas formas, jamás uso. Los veo subir por la escalera y me preparo. Busco todo el dolor que pueda sentir y lo encuentro. Noto como me hincho poco a poco. Atacar y huir, ese es el plan. No creo que salga.
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lunes, 19 de mayo de 2014
As de guia (Tiempo de Perros V)
“Joder,
mierda, mierda y mierda” Repito, mientras pateo el coche. Me cago
en todo el santoral, mientras compruebo los daños. Tres ruedas
reventadas y el radiador como un colador. Solo ha dejado la cuarta y
por que no la veía. Me cago en Dios, que puntería tiene el jodido
traidor.
Vaya
día de mierda. Según me levanto, a las cuatro de la mañana, me
como una bronca de los de arriba. Y todo por que, a uno de nuestros
chicos listos, se le olvido que el comisario Carrasco ya no se
llamaba así. Y el muy cabrón elevo una queja. Como si tuviera
importancia, nadie nos recuerda cuando nos vamos. Pero claro, para
los jefes es vital seguir el procedimiento. Y si a Carrasco le
apetece llamarse ahora inspector Rodríguez, pues hay que llamarle
como el diga.
Para
terminar de arreglarla, el jefe me comunica que nos han apartado del
caso. Se lo ha quedado Carrasco-Rodríguez. A nosotros nos han dejado
de observadores, solo nos quedamos el jefe y yo a pie de calle, y un
par de chicos listos en la oficina. No le diera un cáncer negro en
los huevos a ese mamón de Carrasco-Rodríguez. Tengo que desmontar
el grupo a toda leche. Entonces descubro que Pardo no está. Lo dejo
para después por que no me queda tiempo. Hay que recoger a la unidad
de combate, que por algún extraño capricho nos han concedido, y
salir cagando leches con el jefe hacia la dirección del objetivo.
Carrasco-Rodríguez no nos va a esperar. Y los secuestradores
tampoco.
La
unidad de combate resulta ser una chica rubia y delgada con pinta de
yonki, que carga con una bolsa de deportes enorme. No se cuantas
armas lleva dentro, pero el coche se mueve cuando la mete en el
asiento de atrás. Dios, como odio a estas cosas. Monstruos
capturados y reciclados, que nos sirven después de una dura
reeducación. Pero monstruos al fin y al cabo. El jefe se monta en el
asiento del copiloto y salimos hacia el punto de reunión.
A
medida que vamos acercándonos la radio nos canta las novedades,
varias unidades se han perdido y hay un follón del carajo. Cuando
llegamos me doy cuenta de la magnitud del desastre, solo hemos
llegado una unidad de agentes y nosotros. Hasta el capullo de
Carrasco-Rodríguez esta intentado salir de un atasco. De esta lo
fusilan al amanecer, y yo estaré en primera fila comiendo palomitas.
Pese al desastre de organización nos dan la orden de seguir
adelante. Con dos huevos, como sean muchos estamos jodidos.
El
otro coche se pone delante y le seguimos por una maraña de
callejuelas. Me recuerda a mi barrio, puedo oler los guisos baratos
desde el coche. Cuando, por fin, enfilamos la calle observo dos
cosas. Julián Pardo esta en un coche aparcado, de alquiler. Entonces
pensé que venia a apoyarnos a pesar de las ordenes. Por un momento
hasta me cayó bien el hijoputa. Y una furgoneta arrancada y abierta,
los secuestradores seguro, blanco y en botella. Oí la puerta abrirse
y los pasos de alguien que iba hacia la furgoneta. No llegábamos ni
de coña.
Y
entonces se lió. Alguien se metió en la furgoneta y el vehículo
salió como una exhalación. El rubio estaba en mitad de la calle con
una chica pálida y morena de la mano. Por la radio alguien dijo que
el objetivo estaba allí, con el secuestrador de la mano. Dijeron que
sus cómplices habían huido. Intenté maniobrar para seguir a la
furgoneta, pero el coche de delante me estorbaba y los agentes
estaban bajando para intentar detener al rubio. Joder, es que nadie
se lee los putos informes. Después de que el jefe lo identificara
por la cancioncilla, se pasó a todas las unidades. El rubio esta
clasificado como amenaza extrema. La moto de la guardia civil paso
por mi lado esquivándome por milímetros. Una unidad de combate
disfrazada. Vi como saltaba el rubio, llevándose por delante al tipo
como si fuera un muñeco de trapo. Luego cogió la moto y escapó por
encima de un coche aparcado. Impresionante.
Intente
explicar por la radio, que la chica era una rusa del chulo que había
secuestrado el rubio, pero era imposible con Carrasco-Rodríguez
lanzando órdenes por la radio. El jefe me hacia señas de que me
calmara, mientras hablaba por teléfono y escribía en el portátil,
pero como coño se calma uno en un momento así... Y entonces volvió
el rubio.
Pude
ver como saltaba de la moto, y como impactaba en uno de los agentes.
No se como mató al otro. Fue demasiado rápido. Salí del coche con
el arma en la mano. La yonki ya estaba apuntando cuando Pardo me
apuntó a mí. Y disparó. Creí que estaba muerto. Sentí el impacto
de mi cabeza contra el suelo, chispas de colores en mis ojos y a la
unidad de combate encima. Tenía sus pechos encima de mi cara. Estaba
tan conmocionado que pensé en besarla. No se cuanto duró, pero me
pareció eterno.
Me
pregunto con furia “que coño más podría haber salido mal”. La
respuesta es obvia; podría estar muerto. La unidad de combate está
a mi lado. El jefe sigue dentro hablando por el móvil y tecleando
como un loco. Y yo tengo trabajo. Ladro mis órdenes, casi en
automático, a las unidades que van llegando. Sellar la zona y buscar
testigos para averiguar cual era el objetivo. “Joder, moveos,
tenemos tres agentes muertos y vosotros papando moscas”.
Por
fin llega Carrasco-Rodríguez. Apenas se baja del coche, empieza a
gritar señalando en nuestra dirección. No me señala a mí, señala
a la unidad de combate. No me lo puedo creer, ¡le esta echando la
culpa a ella! Esto es lo que me quedaba por ver. No puedo contenerme,
empiezo a insultarle “Capullo, inútil, soplapollas…” Me va a
costar el puesto, pero no puedo parar. No se ni como he llegado tan
cerca de el, le voy a sacudir. La chica me sujeta y me lleva de nuevo
hasta el coche. ¡Dios! He estado a punto de golpear a un superior.
Carrasco-Rodríguez
está mudo, sabe que iba a pegarle. Todos nos miran. Se abre la
puerta del coche y sale el jefe “Inspector Rodríguez, está
relevado del mando. Coja un grupo de asalto y diríjanse al Polígono
Oeste. Espere allí mis instrucciones” dice, con tranquilidad, pero
lo suficientemente alto como para que lo oiga todo el mundo.
Carrasco-Rodríguez boquea como si le faltara aire. Quiere decir
algo pero no sabe qué. Están sonando todos los móviles, aviso de
mensaje. Ni siquiera lo miro. Es la confirmación desde arriba.
La
chica me mira y me dice “Me llamo Sandra” y me tiende la mano. Me
acaba de revelar su nombre real. Nunca lo usamos, normalmente solo lo
conocen nuestros jefes directos. Hace años que no uso el mío. “Me
llamo David” Hasta me resulta extraño como suena. Estrecho su
mano. “Necesitamos un coche” me dice el jefe. Me parece ver una
leve sonrisa en su cara. Sabe lo que pienso de las unidades de
combate. Pero, joder, me acaba de salvar la vida.
Cogemos
un coche y nos dirigimos al Polígono Oeste, uno de los más viejos
de la ciudad. Al parecer, el jefe ha averiguado que nuestros
adventistas tienen allí una nave que usan de iglesia, y ha
localizado a la furgoneta por satélite yendo en esa dirección.
Mientras conduzco, ordena el despliegue para sellar la zona y evacuar
a los civiles. Nos comunican que el coche de Pardo también va en esa
dirección. “A todas las unidades, que nadie intente detenerlos”
anuncia por la radio. “Ellos también van al rescate, pueden servir
de distracción” me aclara a mí. Menuda distracción, no quisiera
estar en el pellejo de los que distraigan.
Pasamos
los controles que ha organizado la policía alrededor del polígono.
Por la radio nos comunican que el coche de Pardo pasó un momento
antes de que los montaran. Alguien más dice que están evacuando el
polígono, aludiendo a una fuga de gas. Llegamos a la parte de atrás
de la nave a tiempo de ver a Pardo entrando por una ventana.
El
jefe se vuelve y le dice a Sandra “Cúbreles”. Sandra sale del
coche armada con un fusil de asalto y corre hacia la ventana. El jefe
saca una pistola y le mete un cargador. No sabia que llevara una.
“Vamos a intentar armar poco ruido” expone en voz baja “No
sabemos lo que hay dentro. A Carrasco lo han confundido.” Luego
pregunta por la radio “Inspector Rodríguez ¿Está en posición?”
Y cuando escucha la confirmación añade “Que nadie entre hasta que
de la orden”
Salimos
del coche y entonces observo que se esta nublando. “Solo faltaba
que lloviese” Maldigo para mis adentros. Miro la nave. Todavía no
se ha acabado el día.
jueves, 15 de mayo de 2014
Parejas de baile (Tiempo de Perros IV)
Me
gusta el barrio, ropa lavada en las ventanas, gente yendo al trabajo,
coches utilitarios, mucha calle peatonal. La clase de sitio en que si
dejas a tu hijo en la calle, lo peor que puede pasar es que le partan
la cabeza de una pedrada. La calle del objetivo tiene un tramo
peatonal, lo que me viene bien, nadie podrá colocarme un coche en la
puerta y taparme la visión. Observo mientras camino. Los grupos de
mujeres y hombres esperando a que los recojan, una furgoneta de la
secta adventista, turismos y furgonetas de trabajo… Y un BMW
enorme. Ese se ha perdido. O me esta esperando. El conductor tiene
pinta de mosquita muerta y Rata pasa por su lado sin inmutarse.
Parece que no hay peligro.
Veo
a la rusa apenas entro a la calle. Es alta, pero está tan delgada y
tan encogida que parece pequeña. Noto su dolor a distancia. No
recuerdo a nadie que se sintiese tan solo. Esto no va bien. Necesito
terminar de romper la magia que la mantiene atada a su misión,
lograr que me señale al objetivo y convencerla de que se marche. Y
no tengo mucho tiempo, los secuestradores o la policía del jazz
estarán por aquí muy pronto. Si me monta una escena estoy listo. En
fin, ya se verá.
Me
acerco y le susurro “sdrazvuitie”. Quiero que confíe en mí, y
no hay mejor presentación que hablar el idioma del otro. La chica se
da la vuelta y me mira unos segundos, parece muy asustada. Intento
decir algo, tranquilizarla. Solo acierto a sonreír, de forma
bastante patética, creo. Maldigo mi estúpido mutismo. De pronto
ella me abraza y empieza a hablarme muy rápido, “Ponchik” repite
varias veces, y entiendo que se refiere a mí. ¿Rosquilla? ¿Por qué
me llama rosquilla? Es dulce… debe ser algo como el “honey” de
los ingleses. La consuelo como puedo, mezclando mi pésimo ruso con
español.
Cuando,
por fin, consigo que me suelte un poco, comprendo que estoy perdido.
La policía de jazz esta llegando. Cojo a la rusa de la mano. Hay que
largarse. Rata esta sobrexcitado, no se que puñeta le pasa. Parece
decirme algo de una diosa. Maldito idiota, no es el momento de andar
con juegos. Hay dos coches del enemigo entrando por la calle. Cuento
cinco agentes en los coches y me da la impresión de que, al menos
uno, es una unidad de combate. La furgoneta de los adventistas está
cerca, abierta y con el motor arrancado, quien iba a decir que esa
escoria serviría para algo.
Entonces
se abre la puerta del objetivo y sale una chica menuda, con aspecto
de mosquita muerta. El chillido de Rata dentro de mi cabeza casi me
tira al suelo. “La diosa, la diosa”, repite el muy idiota. La
rusa también se para y la mira. Entonces lo comprendo. Esa chica es
el objetivo. Y menudo objetivo, cuando logro atravesar todas las
capas de protección, me doy cuenta que esa chica es el ser mágico
mas poderoso que jamás he visto. Cuesta mirarla, sus protecciones
inconscientes hacen que quiera apartar la vista, ignorarla. Nunca me
había costado tanto mirar a alguien.
Bien,
nuevo plan. Dejo que se acerque a la furgoneta, la empujo dentro y
salgo como si me persiguiese un batallón de diablos. La chica esta
mas cerca de la furgoneta que yo, así que debo andar rápido, pero
sin que los de la policía del jazz se de cuenta. Intento trasmitir a
Rata mi plan. Espero que me entienda. Los adventistas empiezan a
meterse dentro de la furgoneta. Hoy no es mi día.
Rata
se mete por debajo de la furgoneta. Parece que lo ha entendido.
Entonces el conductor se monta en la furgoneta y cierra la puerta.
Maldita sea, estoy a solo cuatro pasos. Voy a tener que sacarlo a
empujones. La chica esta llegando. Tres pasos. Acelero. Dos pasos y
todo se va a la mierda, uno de la secta empuja a la chica dentro y
salta al interior. Un paso y cierran la puerta en mis narices. La
furgoneta sale chillando ruedas y quedo al descubierto. Los
secuestradores eran ellos.
Es
tarde para todo, tengo los dos coches encima y están frenando. Oigo
la moto cuando casi la tengo encima, un guardia civil se lanza hacia
mí. Es mi última oportunidad. Salto y me lanzo con las piernas por
delante hacia su cabeza. El motorista esta muerto antes de tocar el
suelo. Le he partido el cuello. No hay tiempo. Cojo la moto mientras
oigo puertas abriéndose. Acelero y salto un coche aparcado. Tengo
que atrapar esa furgoneta. Tengo que rescatar a Rata y a la chica.
La
rusa me llamo “Ponchik”, maldigo y maldigo. No puedo dejarla
atrás. Joder. Doy la vuelta a la manzana y entro en la calle
peatonal por el otro extremo. Dos de los policías están intentando
cogerla, la rusa se resiste. Lanzo la moto contra uno de ellos, y
salto para acabar con el otro. Oigo más coches y el ruido de un
helicóptero. Hoy es un buen día para morir.
Todo
se ha ido al cuerno. El rubio esta en la parte de atrás del BMW
intentado contener la hemorragia de la rusa. Debería estar muerto.
Tendría que haberlo matado. Pero no pude. Cuando abrazó a la rusa
me quede mirando como un idiota. Luego se lió todo. Los coches de la
agencia entrando en la calle. Los adventistas secuestrando a Irene.
El rubio escapando en moto. La gente de la agencia intentando detener
a la rusa. Y yo seguía allí intentando decidir que hacer.
Y
de pronto veo volver al rubio, saltó un coche con la moto,
sorprendiendo totalmente a los agentes. Se tiró de la moto en marcha
para degollar a uno de ellos y logró que la moto aplastara al otro.
Corría, con la rusa de la mano, hacia el coche de los agentes,
cuando del segundo coche salió mi controlador y una chica muy
extraña. Una máquina de matar. Supe que no llegarían al coche. Los
iban a acribillar.
Entonces
deje de pensar. Siempre fui bueno disparando. Lancé la primera
ráfaga contra mi controlador. Tres disparos, como en el manual. La
chica tumbó a mi objetivo salvándole la vida por fracciones de
segundo. La segunda y la tercera destrozaron una rueda y el radiador.
Después me volví un poco hacia el rubio y le grite que viniera
rápido. No se lo pensó. Entró en el asiento de atrás con una
rapidez pasmosa. Lance dos ráfagas mas para dejarlos agachados y
otra al coche vacío. “Si nos quieren seguir que busquen un taxi”
Pensé.
Ahora
huimos. No se como vamos a encontrar a Irene. No se que hacer con el
rubio. No se como escapar de mi gente. Joder, ni siquiera sé con qué
se hizo la herida la rusa, ni si saldrá de esta.
El
rubio, en cambio, parece que solo piense una cosa por vez, sigue
vendando a la rusa con los restos de una camisa que sacó de mi bolsa
de viaje. Y no ha dicho ni una palabra desde que entró en el coche.
No parece que le importe ni a donde vamos, ni que haremos después.
Me va a estallar la cabeza.
El
rubio termina con la chica y me dice “Hay que rescatar a la otra”.
Así, como si fuese tan fácil. El dolor taladra mi cabeza. Pierdo el
control del coche. Por suerte no hay nadie mas en la carretera y
logro pisar el freno. El rubio sujeta el volante. No se como ha
llegado al asiento del copiloto. “¡Se puede saber que haces!”
Chilla. Solo alcanzo a balbucear “Intentaba saber donde está” Y
añado, para que no resulte tan tonto “Puedo localizar a la gente
con la mente”. El rubio me mira pensativo “No vuelvas a hacerlo
mientras conduces” Me sonríe cómplice “Puse un localizador en
la furgoneta”.
Todavía
estoy temblando. “Pasa atrás y consuela a la chica” Dice “No
creo que te entienda, pero cuéntale algo siempre ayuda escuchar a
alguien a tu lado” “Hablo ruso” Le contesto mientras me bajo.
“Entonces cuéntale algo bonito”.
El
coche arranca y yo empiezo a hablarle a la rusa. De alguna forma,
parece que todavía voy al rescate. Dios, ¿Cómo me las arreglo para
ser tan patetico?.
miércoles, 14 de mayo de 2014
Sueños (Tiempo de Perros III)
Me
despierto sobresaltado y con un nombre en la cabeza: Irene. Por fin
conozco el nombre de mi princesa. Irene, Irene, Irene. Estas muy
cerca, tienes que estarlo para que pueda verte con tanta claridad.
Llevo esperándote desde aquellos tórridos sueños de adolescente,
cuando aun pensaba que eras solo un producto de mis hormonas. Me
pregunto que pasara cuando nos encontremos, por que tu nunca me has
visto. Espero poder resolverlo cuando te vea cara a cara.
Los
vapores del sueño se disipan y entonces recuerdo… ¡Estas en
peligro!, algo te acecha y no logro recordar qué, el sueño no es
claro. Recuerdo a un gigante rubio, un peligroso guerrero criado para
matar, pero no me parece que él sea el peligro, aun así, se que
esta cerca… Otro velo cae, y me doy cuenta de que yo mismo te he
señalado, eres el objetivo del secuestro. La rusa no sabía quien
eras por que nadie puede verte, pero la dirección que dio era la
tuya.
Un
clavo de dolor atraviesa mi cabeza, mi gente te matara, eres como yo
y para ellos somos monstruos. Espero que la magia que te ha mantenido
oculta tanto tiempo, lo haga un rato más. No tengo mucho tiempo y el
dolor no cede. Tengo que rescatarte, tengo que llegar antes que
ellos.
Enciendo
la luz y veo la habitación del hotel, cuatro estrellas, un autentico
lujo para mi antiguo trabajo, pero desde que entre en la organización
me pagan como funcionario de alto rango. La organización esta
infiltrada en todas partes y hace que las nominas corran a cuenta del
estado. Voy al minibar y cojo una botella de agua. Rebusco en la
maleta, ibuprofeno, dos cápsulas y en un rato estaré como nuevo.
Tengo que relajarme, en este estado no sirvo para nada.
¿Quien
quiere secuestrarte? El rubio no es, él mató al proxeneta, de eso
estoy seguro, mis sueños no fallan jamás. Y los míos tampoco, no
tendría sentido. Intento concentrarme en esa información. Hago la
pregunta. Como respuesta el clavo de mi mente resucita y caigo al
suelo por el dolor. Alguien esta ocultándose, alguien muy poderoso.
Maldita sea.
Saco
mi maleta del armario, retiro la ropa y abro el doble fondo. Tengo
una micro-uzi, un prodigio de la técnica israelí. Tengo seis
cargadores, los relleno y los pego de dos en dos con cinta adhesiva,
uno boca arriba y otro boca abajo, vuelta y vuelta, para poder
recargar más rápido. A veinticinco balas por cargador, son ciento
cincuenta oportunidades. Si me hicieran falta más, ya estaría
muerto. Aun así, preparo la pistola también, dos cargadores
sobraran, más y tendría que llevar una carretilla.
Me
coloco las cinchas de la micro-uzi, de tal manera que cuelgue oculta
debajo de la chaqueta y que me permita absorber el retroceso cuando
empiece el baile, bendita preparación militar. Si quiero llegar a
tiempo no tengo que madrugar, simplemente, no puedo acostarme.
Bajo
a la calle, el coche de la agencia esta en el aparcamiento del hotel,
pero no lo cogeré. Hace dos días alquile otro, mis presentimientos
nunca se equivocan. Cojo el coche, un BMW 630 Ci coupé, me pregunto
que pensarían en la empresa de alquiler si supiesen que lo puedo
meter en un tiroteo. Dejo que me guíe mi instinto. La ciudad duerme.
Mientras
avanzo descubro los fallos en mi plan, de hecho descubro que no tengo
ningún plan. No puedo entrar y secuestrarte a punta de pistola, no
puedo contarte la verdad y esperar que me creas. Y, desde luego, no
puedo contar con ser capaz de enfrentarme a unos secuestradores que
no se quien son. Por no hablar de que mi propia gente llegara en
cualquier momento y ellos no hacen preguntas. Te detendrán y jamás
saldrás de sus celdas de detención.
Llego
a tu calle, un barrio obrero. Hay ropa tendida en las ventanas, la
mayoría son uniformes de trabajo. La clase de barrio en el que nadie
dejara de ver mi puñetero BMW. La estoy fastidiando a base de bien.
Ni siquiera puedo aparcar en tu puerta por que la calle es peatonal
en ese trozo. La ansiedad me esta matando.
Observo
la calle, a las cinco de la mañana no hay ningún movimiento, así
que no me resulta difícil descubrir a una chica morena y escuálida
refugiada en el portal de enfrente de tu casa. Otra rusa, según la
miro se que el proxeneta le mando seguirte. Le ha tenido que costar a
horrores, no es fácil verte. Normalmente la gente solo te ve cuando
hablas o te haces notar de alguna forma. La pobre lo ha pasado fatal,
te ha seguido obligada por la magia y ahora ya casi se ha desecho el
hechizo. Sin embargo sigue ahí.
Será
mejor que espere a que, al menos, estés despierta. La gente del
barrio empieza a salir de sus casas. Unos cogen los coches para ir al
trabajo, otros, la mayoría mujeres, esperan en grupo a que alguien
los recoja. Una furgoneta con rótulos de una iglesia adventista
aparca justo en el límite de la zona peatonal y sus ocupantes se
dirigen a los grupos que esperan y les reparten folletos. La
voracidad de esta gente es insaciable. Consulto el reloj, son las
cinco y media.
Entonces
aparece, es el rubio. Alto, rubio, guapo, fuerte, ágil, la clase de
tipo que en el colegio no se molestaba en mortificar a los débiles
de la clase, ni siquiera nos veía. Lo veo avanzar, andando, por la
calle y me doy cuenta de que no tengo ninguna oportunidad si me ve,
si intuye que he venido a hacer. Espero que no se fije en el maldito
coche.
El
rubio va derecho hacia la rusa. No me ha visto. Cuento mentalmente
los pasos que he de dar hasta estar lo bastante cerca. Ocho pasos, no
es difícil. Tengo que matarlo. Tengo que hacerlo o te fallare. Me
sudan las manos mientras pienso en como apuntar para no matar a la
rusa. No quiero sangre inocente. Abro la puerta del coche muy
despacio. Es la hora, Julián Pardo acude al rescate.
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